Cuál es la diferencia entre satori y samadhi

¿Cuál es la diferencia experimental entre satori—en el zen, un vislumbre de la Iluminación—y samadhi, la consciencia cósmica?

El samadhi empieza como una ruptura, pero nunca acaba. Una ruptura siempre comienza y acaba, tiene unos límites, un principio y un final, pero el samadhi empieza como una ruptura y entonces dura para siempre. No tiene final. Así que si el suceso llega como una ruptura y no tiene final, es samadhi, pero sí es una ruptura total, con un comienzo y un final, entonces es un satori, y eso es diferente. Si es sólo un vislumbre, sólo una ruptura, y esa ruptura desaparece de nuevo, si es un paréntesis y el paréntesis está completo—atisbas en su interior y regresas; entras en él y regresas—si algo sucede y de nuevo desaparece, es un satori. Es un vislumbre, un vislumbre del samadhi, pero no el samadhi.

“Samadhi” significa el comienzo del saber, sin ningún final.

En la India no tenemos ninguna palabra que corresponda a satori, de modo que, a veces, cuando la ruptura es grande, uno puede confundir el satori con el samadhi. Pero nunca son iguales; es sólo un vislumbre. Has alcanzado lo cósmico y has mirado en su interior, y entonces todo ha desaparecido otra vez. Desde luego, tú no serás el mismo; ahora nunca serás el mismo otra vez. Algo ha penetrado en ti, algo te ha sido añadido; nunca podrás ser el mismo. Pero todavía, eso que te ha cambiado no permanece contigo. Es sólo un recuerdo, sólo memoria. Es sólo un destello.

Si puedes recordarlo, si puedes decir, “He conocido ese instante”, es solamente un vislumbre, porque en el instante en que el samadhi suceda, no estarás allí para recordarlo. Entonces nunca dirás, “Lo he conocido”, porque al conocer, el conocedor se pierde. Solamente con el vislumbre permanece el conocedor.

Así pues, el conocedor puede guardar como un recuerdo este vislumbre. Puede suspirar por él, puede desearlo, puede acariciarlo, puede esforzarse de nuevo por experimentarlo, pero él está todavía ahí. Aquél que ha tenido un vislumbre, aquél que lo ha visto, está ahí. Eso se ha convertido en un recuerdo y ahora ese recuerdo te perseguirá, te acechará, y exigirá una y otra vez que se repita el fenómeno.

En el instante en que el samadhi sucede, tú no estás allí para recordarlo. El samadhi nunca se convierte en parte de la memoria porque el que estaba allí ya no está. Como dicen en zen, “El hombre viejo ha desaparecido y el nuevo ha llegado…” Y esos dos nunca se encuentran, de modo que no existe la posibilidad de recuerdo alguno. Lo viejo se ha ido y lo nuevo ha llegado y no ha habido encuentro entre los dos, porque lo nuevo solamente puede llegar cuando lo viejo se ha ido. Entonces no es un recuerdo, no hay un anhelo hacia él, no nos acecha, no suspiramos por él. Entonces, tal y como eres, estás en paz y no hay nada que desear.

No es que hayas matado el deseo, ¡no! Es una ausencia de deseos en el sentido de que aquél que podía desear ya no existe. No es un estado de no-deseo; es la extinción del deseo, porque aquél que podía desear ya no existe. Entonces no hay deseo alguno, ya no existe el futuro, porque el futuro es creado por nuestros deseos; es una proyección de nuestros deseos.

Si no hay deseos, no hay futuro. Y si no hay futuro, no hay necesidad del pasado porque el pasado es siempre un telón de fondo contra el cual, o mediante el cual, es anhelado el futuro.

Si no hay futuro, si sabes que en este mismo instante vas a morir, no hay necesidad de recordar el pasado. Entonces no hay ni tan sólo necesidad de que recuerdes tu nombre porque el nombre posee un significado solamente si existe un futuro. Puede que lo necesites, pero si no hay futuro, simplemente quema todos tus vínculos con el pasado. No los necesitas; el pasado ha dejado de tener sentido. El pasado solamente tiene sentido si apoya o contradice al futuro.

En el instante en que el samadhi ha sucedido, el futuro se convierte en algo no-existencial. No existe; solamente existe el momento presente. Es el único momento; no existe ni siquiera pasado. El pasado ha desaparecido y el futuro también y una única, momentánea existencia se ha convertido en la totalidad de la Existencia. Estás en ella, pero no como una entidad distinta de ella. No puedes diferenciarte de ella porque solamente te diferencias de ella debido a tu pasado o tu futuro. La única barrera entre tú y el momento presente que está aconteciendo son el pasado y el futuro cristalizados a tu alrededor. De modo que cuando sucede el samadhi no existen ni pasado, ni futuro. No es que tú estés en el presente; es que tú eres el presente, te conviertes en el presente.

El samadhi no es un vislumbre, el samadhi es una muerte. Pero el satori es un vislumbre, no una muerte. Y el satori es posible de muchas maneras. Una experiencia estética puede ser una posible causa para que se dé el satori; la música puede ser una posible causa del satori; el amor puede ser un posible origen del satori. En cualquier momento intenso en que el pasado pierda su importancia, en cualquier instante en el que estés viviendo en el presente – un instante que puede ser o bien de amor, o de música, o sentimiento poético, o de cualquier experiencia estética en la cual el pasado no interfiera, en la cual no haya deseo hacia el futuro—el satori se hace posible. Pero es sólo un destello. Este destello es importante porque a través del satori puedes, por primera vez, sentir lo que significa el samadhi. El primer sabor, o el primer perfume distintivo del samadhi, llega a través del satori.

Así que el satori sirve de ayuda, pero cualquier cosa que sirva de ayuda puede convertirse en un obstáculo si te aferras a ella y la sientes como si lo fuera todo. El satori conlleva una dicha que es capaz de engañarte; posee una dicha propia. Debido a que desconoces el samadhi, aquél es la cosa más grande que alcanzas, y te aferras a él. Pero si te apegas a él, puedes hacer que eso que era una ayuda, eso que era un amigo, se convierta en una barrera y en un enemigo. De modo que uno ha de ser consciente del posible peligro del satori. Si te das cuenta de esto, entonces la experiencia del satori te será de ayuda.

Un único, un momentáneo vislumbre, es algo que nunca puede ser conocido por otros medios. Nadie puede explicarlo; ni las palabras, ni la comunicación pueden darte pistas de ello. El satori es importante, pero es sólo un vislumbre, algo así como un paso adelante, como un único y momentáneo avance hacia la Existencia, hacia el abismo. No has podido ni siquiera darte cuenta de ese momento, no has podido ser consciente de él cuanto ya se te ha cerrado. Como el clic de la cámara; un clic y todo se ha perdido. Entonces surgirá un anhelo; lo arriesgarás todo por ese instante. Pero no lo anheles, no lo desees; déjalo que duerma en el recuerdo. No lo conviertas en un problema; simplemente, olvídalo. Si eres capaz de olvidarlo y no te aferras a él, esos momentos llegarán a ti cada vez más y más; los vislumbres te vendrán más y más.

Una mente exigente llega a cerrarse, y el vislumbre desaparece. Siempre se presenta cuando no eres consciente de él, cuando no lo buscas, cuando estás relajado, cuando no estás ni pensando en eso, cuando ni tan sólo meditas. Incluso si estás meditando, el vislumbre se convierte en algo imposible, pero cuando no estás meditando, cuando estás en un momento en el que te dejas ir – sin hacer nada, ni tan siquiera esperando nada – en ese momento de relajación, el satori sucede.
Empezará a sucederte más y más, pero no pienses en ello, no lo desees. Y nunca lo confundas con el samadhi.